Después de unos días llegamos al estudio demasiado emocionados de por fin poder trabajar el barro que habíamos (Jorge) hecho y nos topamos con un barro que, a pesar de que ya había perdido toda la humedad necesaria, aún estaba muy pegajoso y costaba mucho trabajarlo.
Pero aferrado a ya querer hacer piezas con él, Jorge decidió aventurarse e hizo una serie de bowls pequeños para ir viendo cómo se comportaba el material y mientras yo, muy orgullosa de lo que Jorge estaba logrando, seguía trabajando con mi producción y material habitual.
Después de varios días de secado a la sombra, las piezas estaban listas para entrar a su primera quema (el sancochado).
Normalmente mis piezas las quemo en un horno que rento y dependo de sus tiempos de quema para mis piezas, pero la impaciencia de Jorge lo llevó a ver de qué manera improvisar una quema desde casa.
Como ya les había platicado, tenemos un taller de ebanistería y la cantidad de aserrín que sale diario de ahí es tanta que para deshacernos de él, la mejor opción que encontramos es quemarlo y descubrimos que dura mucho tiempo prendido a buena temperatura sin hacer flama, así que se nos ocurrió que ésta podía ser una buena opción para la primera quema de las piezas.
Entonces decidimos, junto con el aserrín, meter las piezas en un tambo, prender fuego y esperar a ver lo que sucedía.
Dos días de quema después, salieron unas piezas de un tono negro quemado increíble que amamos tanto que queríamos que se quedaran así para siempre. Pero sabíamos que ese tono era por el hollín resultante del aserrín quemado, así que habría que esperar a esmaltarlos y a la quema final para conocer su color real.
Unos días después, ya esmaltados y que entraron a su segunda quema (ahora si es un horno especial para cerámica) en donde las piezas duran aproximadamente 10 horas en horno, nos encontramos con la sorpresa de que nuestro nuevo barro era naranja.
Nos encantó la estética de las piezas pero nos dimos cuenta de que la arcilla por si sola, expuesta al calor, tiende a craquelarse. Eso hizo que nos pusiéramos a investigar más y nos dimos cuenta de que a la arcilla había que agregarle un par de aditivos importantes y encontramos que el feldespato y el cuarzo pueden servir para ello.
Así que seguimos haciendo pruebas para llegar a la consistencia y acabado ideal de nuestro barro. Pronto les platico lo que vamos descubriendo.
Dana.